Diez años mirando hacia el sol: una década de energía solar en Chile

Rising Sun Chile cumple una década en un país cuya relación con la energía cambió profundamente en el mismo período. La historia de ambos recorridos ayuda a entender cuánto ha avanzado la transición energética y, sobre todo, cuánto queda todavía por construir.
El 14 de septiembre de 2016 comenzamos a operar en Chile.
Diez años después, cuesta recordar hasta qué punto el escenario energético era distinto.
La energía solar ya había comenzado a crecer con fuerza en el norte del país, pero todavía estaba lejos de ocupar el lugar que tiene hoy en la matriz eléctrica. Generar electricidad sobre el techo de una empresa seguía siendo una decisión poco habitual. El almacenamiento era costoso. El conocimiento sobre autoconsumo fotovoltaico estaba concentrado en una industria pequeña y especializada. Muchas compañías miraban la energía solar con interés, aunque todavía con cierta distancia.
En una década, buena parte de aquello cambió.
La capacidad solar fotovoltaica instalada en Chile pasó de 1.125 MW en 2016 a más de 12.000 MW en 2025, según IRENA. En menos de diez años, la tecnología multiplicó por más de diez su presencia en el sistema eléctrico nacional.
Rising Sun creció durante esa misma transformación.
Hoy reportamos más de 250 proyectos desarrollados, 15 MW de potencia instalada y más de 35.000 paneles instalados en Chile.
Las cifras describen una empresa que ha crecido, pero al mismo tiempo explican algo más interesante: durante estos diez años cambió la forma en que las empresas chilenas entienden la energía. La tecnología ha avanzado. Los proyectos son cada vez más grandes. Y las soluciones siguen cambiando.
1. Diez años que cambiaron la matriz eléctrica chilena
Hay décadas en que una industria mejora gradualmente. La última década de la energía chilena pertenece a otra categoría.
En 2016, Chile ya había descubierto una ventaja difícil de replicar: una combinación de territorio, radiación solar y estabilidad institucional que convertía al país en uno de los lugares más atractivos del mundo para desarrollar energía fotovoltaica.
El desierto de Atacama posee algunos de los niveles de irradiación solar más altos del planeta. Durante años aquello fue, principalmente, una característica geográfica. La caída del costo de la tecnología permitió transformarla en infraestructura energética.
El resultado puede observarse hoy en el sistema eléctrico.
Según la hoja de ruta de la Agencia Internacional de Energía para Chile, publicada en enero de 2026, las energías renovables generan ya cerca del 70% de la electricidad del país, y la energía solar y la eólica aportan en conjunto más del 34% de la generación.
La velocidad de esa transformación habría sido difícil de anticipar hace una década.
También habría sido difícil imaginar que, en determinadas horas del día, una parte sustancial de la demanda eléctrica nacional sería cubierta por el sol y el viento.
Lo extraordinario terminó volviéndose cotidiano.
2. La tecnología que se volvió economía
Una razón explica buena parte del fenómeno: producir electricidad con energía solar se volvió mucho más barato.
En 2010, instalar un sistema fotovoltaico de gran escala costaba globalmente, en promedio, más de US$5.000 por kW. En 2024, ese costo había caído a US$691 por kW, según IRENA: una reducción del 87% en catorce años.
El costo nivelado de la electricidad solar siguió una trayectoria similar.
En apenas quince años, una tecnología que dependía ampliamente de incentivos y políticas de apoyo pasó a competir directamente con las alternativas convencionales de generación.
Ese cambio tuvo consecuencias profundas.
La energía solar dejó de pertenecer exclusivamente a las conversaciones sobre medioambiente. Entró en las conversaciones sobre inversión, productividad y planificación financiera.
Para las empresas, la pregunta comenzó a transformarse.
Ya no se trataba solamente de determinar si producir energía limpia era deseable. Había que entender si tenía sentido producir parte de la electricidad que consumían.
Cada vez con mayor frecuencia, la respuesta fue afirmativa.
3. Del desierto al techo de una empresa
Los grandes parques solares fueron la expresión más visible de la transición energética chilena.
Otra transformación ocurrió de manera mucho más silenciosa.
En bodegas, industrias, colegios, viñas, centros comerciales, plantas productivas y empresas agrícolas comenzaron a aparecer sistemas fotovoltaicos destinados al autoconsumo.
La generación se acercó al lugar donde la electricidad era utilizada.
Ese movimiento importa porque modifica una relación que durante más de un siglo fue esencialmente unilateral. Las empresas recibían electricidad desde una red y pagaban por ella. La generación distribuida abrió la posibilidad de participar directamente en una parte de ese proceso.
Al 31 de mayo de 2026, Chile registraba 41.986 instalaciones de generación distribuida para autoconsumo acogidas a net billing, con 502,9 MW de capacidad declarada, según los datos de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles. Prácticamente toda esa capacidad es solar fotovoltaica.
La mayor participación corresponde al sector agrícola, seguido por el residencial, el industrial y el comercial.
Detrás de esas estadísticas hay decenas de miles de decisiones individuales de inversión.
Una planta solar instalada sobre una cubierta industrial puede parecer pequeña frente a un parque de cientos de megawatts en Atacama. Su lógica, sin embargo, pertenece a la misma transformación.
La transición energética también ocurre ahí.
4. Crecer junto a una industria
Rising Sun llegó a Chile a construir un mercado que todavía no existía: a colaborar en las normativas, a educar a las empresas y a ayudar a crear la industria de la generación distribuida.
La compañía había nacido originalmente en Hawái, otro territorio donde el costo de la electricidad y la abundancia de sol aceleraron tempranamente la adopción fotovoltaica. En 2016 comenzó la operación chilena.
El mercado local estaba recién aprendiendo.
Había que entender regulaciones nuevas —o ayudar a crearlas—, dialogar con las empresas distribuidoras, diseñar proyectos para realidades productivas muy diferentes y demostrar que una instalación fotovoltaica podía seguir funcionando correctamente muchos años después de la inauguración, en un país donde casi todas eran recién construidas.
La experiencia acumulada fue ocurriendo proyecto a proyecto.
Un sistema en una empresa agrícola planteaba preguntas distintas a uno instalado sobre un colegio. Una cubierta industrial tenía restricciones diferentes a un estacionamiento solar. Una planta en la Región Metropolitana enfrentaba condiciones distintas a una instalación en el centro o sur del país.
Ese aprendizaje explica parte de la evolución de Rising Sun.
Hoy nuestro trabajo abarca evaluación, ingeniería, construcción, operación, mantenimiento y representación frente a las empresas distribuidoras: una combinación de soluciones dentro de una relación que puede extenderse durante décadas.
En diez años, la compañía pasó de participar en un mercado emergente a operar dentro de una industria mucho más madura.
Y tuvo que madurar con ella.
5. Lo que significan 35.000 paneles
Los aniversarios corporativos suelen expresarse mediante cifras.
Más de 250 proyectos.
Más de 15 MW instalados.
Más de 35.000 paneles.
Son números relevantes. Pero aislados cuentan poco.
Un panel solar tiene una existencia bastante menos espectacular que la imagen que durante años acompañó a las energías renovables.
Se instala. Produce electricidad. Permanece ahí.
Día tras día.
Esa repetición explica buena parte de su valor.
Cada uno de los proyectos construidos durante esta década representa una pequeña infraestructura energética que continúa operando después de que los equipos de ingeniería abandonan la obra. Por eso la operación y la mantención son parte del servicio y no un añadido posterior.
Detrás de cada uno hay una empresa que decidió confiar: seis de esas relaciones cuentan la misma década desde el otro lado.
Las instalaciones que hemos desarrollado han generado hasta 2026 más de $5.400 millones en ahorro acumulado para nuestros clientes.
La cifra seguirá cambiando mientras esas plantas continúen generando.
Quizás esa sea una forma más interesante de medir una década en esta industria.
No solamente por lo que se construyó, sino por todo lo que sigue ocurriendo después.
6. Una transición que también ocurrió dentro de las empresas
Durante buena parte de la primera etapa del desarrollo renovable chileno, la conversación energética estuvo concentrada en grandes centrales, licitaciones, transmisión y política pública.
Hoy ocurre también dentro de los directorios.
La volatilidad de los mercados energéticos, la electrificación de procesos industriales, las metas de descarbonización y la aparición de nuevas tecnologías han convertido la energía en una variable cada vez más relevante para la planificación empresarial.
El autoconsumo forma parte de ese cambio.
Una empresa que instala generación propia introduce una nueva fuente dentro de su estructura energética. Puede conocer cuánto genera, cuánto consume, cuánto evita comprar desde la red y cómo se comportará esa infraestructura durante los siguientes veinte o treinta años.
Eso ha cambiado también la industria solar.
El valor de un proyecto ya no depende únicamente de la cantidad de paneles que puedan instalarse sobre un techo. Depende de cómo ese sistema conversa con el consumo real de la compañía, con su operación y con la evolución futura del sistema eléctrico.
Esa sofisticación era inevitable.
La energía solar creció.
Las preguntas alrededor de ella también.
7. Propósito en una industria que necesita resultados
Rising Sun ha definido desde sus primeros años un propósito amplio: generar un impacto positivo en nuestro mundo.
La frase podría quedar fácilmente atrapada en el lenguaje corporativo si no estuviera acompañada por una realidad económica concreta.
Una transición energética sostenida necesita proyectos que funcionen.
Necesita infraestructura técnicamente confiable, inversiones financieramente razonables y empresas dispuestas a mantenerlas durante décadas.
La sostenibilidad empresarial depende precisamente de esa convergencia.
Un proyecto puede reducir emisiones mientras mejora la economía energética de una organización. Puede producir beneficios ambientales y financieros al mismo tiempo.
Esa idea ha estado presente en Rising Sun desde su origen: demostrar que es posible desarrollar proyectos rentables y, a la vez, conscientes de su impacto ambiental.
Después de diez años, aquel principio resulta incluso más relevante.
La transición energética ha dejado atrás su etapa experimental.
Ahora debe funcionar a escala.
8. El desafío de la próxima década será distinto
Chile ya demostró que puede instalar grandes cantidades de energía renovable.
La siguiente fase será más compleja.
Una matriz con altos niveles de generación solar necesita capacidad para mover electricidad entre regiones, almacenarla durante algunas horas y coordinar miles de fuentes distintas de generación y consumo.
Los síntomas de ese desafío ya son visibles.
Cuando existe abundancia de sol y la red no puede absorber o transportar toda la producción disponible, parte de esa energía debe ser reducida: es lo que se conoce como vertimiento. En paralelo, durante las horas en que desaparece la generación solar, el sistema necesita otras fuentes capaces de responder rápidamente.
Por eso el almacenamiento en baterías está creciendo con enorme velocidad en Chile.
También crecerán las redes.
La hoja de ruta publicada por la Agencia Internacional de Energía en 2026 estima que la extensión de la red eléctrica chilena deberá aumentar alrededor de 40% hacia 2035 bajo el escenario compatible con los compromisos climáticos del país. La inversión anual en el sistema eléctrico podría aumentar desde aproximadamente US$3.500 millones en 2024 hasta US$8.000 millones en 2035.
La próxima década de la transición será menos visible que la anterior.
Habrá paneles, por supuesto.
Pero habrá también baterías, software, electrónica de potencia, nuevas líneas de transmisión y sistemas capaces de decidir cuándo producir, consumir o almacenar electricidad.
- Generación solar
- Empresa
- Red eléctrica
- Generación solar
- Empresa
- Almacenamiento
- Red eléctrica
- Gestión de la demanda
9. Chile necesitará mucha más electricidad
Existe otra razón por la que la historia está lejos de terminar.
Chile se está electrificando.
El transporte incorporará progresivamente vehículos eléctricos. La minería reemplazará procesos que hoy dependen de combustibles fósiles. Industrias completas buscarán electrificar parte de sus operaciones. El hidrógeno podría agregar nuevas cargas al sistema. Los centros de datos aumentarán su demanda.
La Agencia Internacional de Energía estima que la electricidad representa actualmente cerca del 23% del consumo final de energía de Chile. En su escenario de transición, esa participación podría alcanzar 55% hacia 2050, agregando aproximadamente 80 TWh de consumo eléctrico anual.
Eso cambia la escala del desafío.
Chile tendrá que producir mucha más electricidad al mismo tiempo que reduce las emisiones asociadas a su generación.
La energía solar seguirá siendo una parte fundamental de esa ecuación. También cambiará su relación con quienes la consumen.
Las empresas serán cada vez menos pasivas dentro del sistema eléctrico.
Generarán.
Almacenarán.
Gestionarán demanda.
Y, en algunos casos, entregarán energía a la red.
La frontera entre consumidor y productor será progresivamente más difusa.
10. Los próximos diez años de Rising Sun
En 2016, instalar paneles solares podía ser suficiente para describir buena parte de una empresa fotovoltaica.
En 2026, esa definición se queda corta.
La tecnología se está integrando con almacenamiento, monitoreo, financiamiento y gestión energética. La infraestructura física sigue siendo fundamental, pero cada vez importa más la capacidad de entender cómo todas esas piezas funcionan juntas.
Aparece el próximo capítulo para Rising Sun.
Después de diez años desarrollando proyectos solares, el desafío será acompañar una relación más sofisticada entre las empresas y su energía.
Habrá compañías que quieran reducir sus compras desde la red. Otras buscarán almacenamiento. Algunas necesitarán electrificar procesos completos. Muchas deberán entender cómo combinar generación, consumo, contratos y regulación —por ejemplo, a través del modelo ESCO, que ya cambió la forma de financiar estos proyectos.
La transición energética empresarial probablemente ocurrirá de esa forma: cientos de decisiones distribuidas entre miles de organizaciones.
El cambio nacional será la suma de todas ellas.
Una década después
Diez años permiten mirar hacia atrás con cierta perspectiva.
En 2016, Chile tenía poco más de 1 GW de capacidad solar fotovoltaica.
Hoy supera los 12 GW.
En 2016, la generación distribuida estaba comenzando a abrirse espacio.
Hoy existen más de 40.000 instalaciones conectadas a lo largo del país.
En 2016, Rising Sun comenzaba su primera operación en Chile.
Diez años después, hay más de 250 proyectos desarrollados y miles de paneles produciendo electricidad todos los días.
Pero quizás el cambio más importante sea menos cuantificable.
Durante esta década, la energía solar dejó de necesitar demasiadas explicaciones.
Forma parte del paisaje chileno. Está en el desierto, sobre las industrias, en los estacionamientos, en los campos y en los techos.
Se convirtió en infraestructura.
Rising Sun tuvo la fortuna —y la responsabilidad— de crecer durante esa transformación.
El 14 de septiembre de 2026 celebramos diez años desde que comenzamos ese recorrido.
Diez años aprendiendo cómo cambia una industria cuando una tecnología madura. Diez años trabajando con empresas que decidieron producir parte de su propia energía. Diez años viendo cómo una idea que alguna vez parecía alternativa entraba progresivamente al centro del sistema eléctrico chileno.
La próxima década será diferente.
También será mayor.
Chile necesitará más electricidad, más capacidad de almacenamiento y una red preparada para integrar una matriz cada vez más distribuida. Las empresas tendrán un papel creciente dentro de ese sistema.
Ahí queremos seguir estando.
Porque cumplir diez años permite celebrar lo recorrido.
También permite mirar nuevamente hacia el sol y preguntarse qué viene después.
Y todavía queda mucho por hacer.
Gracias, querido sol, y feliz 10mo aniversario a todo el equipo Rising Sun y sus queridos clientes.
¡Aloha!
Si tu empresa está evaluando dar ese paso, revisa qué hacemos o cotiza tu proyecto.
Preguntas frecuentes sobre los 10 años de Rising Sun en Chile
¿Cuándo comenzó Rising Sun en Chile?
Rising Sun comenzó sus operaciones en Chile el 14 de septiembre de 2016.
La compañía había nacido en 2003 en Hawái, Estados Unidos, y desde 2021 opera también en Ecuador.
¿Cuántos proyectos ha desarrollado Rising Sun Chile?
A 2026, Rising Sun reporta más de 250 proyectos desarrollados, más de 15 MW de potencia instalada y más de 35.000 paneles solares instalados en Chile.
Esas instalaciones han generado más de $5.400 millones en ahorro acumulado para sus clientes.
¿Cuánto ha crecido la energía solar en Chile durante la última década?
La capacidad solar fotovoltaica instalada en Chile pasó de 1.125 MW en 2016 a 12.141 MW en 2025, según IRENA: se multiplicó por más de diez en menos de una década.
Según la hoja de ruta de la Agencia Internacional de Energía para Chile (2026), las energías renovables generan hoy cerca del 70% de la electricidad del país, y la solar y la eólica aportan en conjunto más del 34%.
¿Cuánta generación distribuida para autoconsumo hay en Chile?
Al 31 de mayo de 2026, Chile registraba 41.986 instalaciones de generación distribuida para autoconsumo acogidas a net billing, con 502,9 MW de capacidad declarada, según la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC).
Prácticamente toda esa capacidad es solar fotovoltaica, y el sector agrícola es el que concentra la mayor potencia declarada.
¿Qué papel tendrá la energía solar durante la próxima década?
Seguirá creciendo como fuente de generación, pero cada vez más integrada con almacenamiento, gestión de demanda, electrificación y nuevas redes eléctricas.
La Agencia Internacional de Energía estima que la red eléctrica chilena deberá aumentar cerca de 40% hacia 2035 y que la electricidad pasaría del 23% al 55% del consumo final de energía del país hacia 2050.


