Tarifa eléctrica
Estructura de precios que la distribuidora cobra según el nivel de tensión del empalme: baja tensión (BT, comercios y pymes) o alta tensión (AT, industria mayor). Determina el valor del kWh que la empresa ahorra al autoconsumir y el régimen con que se valorizan sus inyecciones.
La tarifa eléctrica es el conjunto de precios regulados con que la empresa distribuidora cobra el suministro a sus clientes finales. No es un valor único: se estructura según el nivel de tensión del empalme y según cómo consume el cliente. La Comisión Nacional de Energía (CNE) es el organismo técnico que calcula estas tarifas para los clientes regulados —a través de informes que se fijan por decreto tarifario—, con procesos que rigen por períodos de cuatro años, y cada distribuidora las aplica en su zona de concesión. El corte primero es por tensión: se clasifica como cliente en baja tensión (BT) a quien conecta su empalme a líneas de voltaje igual o inferior a 400 volts, y como cliente en alta tensión (AT) a quien lo conecta a líneas de voltaje superior a 400 volts. Los comercios y pymes suelen estar en BT; la industria de mayor consumo, en AT.
Dentro de cada nivel de tensión existen opciones tarifarias que el cliente elige libremente según su perfil de consumo y potencia contratada, con una duración de un año, al cabo del cual puede mantenerla o cambiarla. En baja tensión, la BT1 corresponde a clientes con potencia conectada inferior a 10 kW (residenciales y pymes chicas), mientras que consumos mayores usan opciones como BT2 (medición de energía y contratación de potencia), BT3 (medición de demanda máxima) o BT4 (demanda máxima con distinción de horas de punta). En alta tensión existen las opciones análogas AT2, AT3 y AT4. La diferencia práctica está en cómo se separa el cobro entre energía (kWh consumidos) y potencia (kW de demanda), y en si distingue el horario de punta —el bloque de horas del año, típicamente en invierno, donde la potencia se cobra más caro—. Para una empresa con demanda relevante, elegir bien la opción tarifaria puede mover la cuenta de forma significativa.
Para una empresa que evalúa autoconsumo solar de hasta 300 kW, la tarifa eléctrica es el número que gobierna la rentabilidad del proyecto, y opera en dos direcciones. Por un lado, cada kWh que la empresa genera y consume en el momento es un kWh que deja de comprarle a la distribuidora al precio de su tarifa: ahí está el ahorro principal, y por eso las tarifas más altas hacen el payback más corto. Por otro lado, los excedentes que se inyectan a la red se valorizan bajo el régimen de net billing de la Ley 21.118 —publicada el 17 de noviembre de 2018, que reemplazó a la Ley 20.571 y elevó el límite de potencia de 100 kW a 300 kW por empalme—, a un precio regulado menor que el de consumo. Ese menor valor de la inyección es la razón económica por la que conviene dimensionar el sistema para autoconsumir la mayor parte posible, en vez de sobredimensionar para inyectar.
El matiz que más se confunde es tratar "la tarifa" como un precio nacional fijo. No lo es: varía por distribuidora, por zona de concesión, por nivel de tensión y por opción tarifaria, y se reajusta en el tiempo. También conviene no confundir el precio al que se compra energía (la tarifa de consumo, que incluye energía, potencia y cargos de distribución) con el precio al que se valorizan los excedentes inyectados, que es más bajo. Y la clasificación BT/AT depende del voltaje del empalme, no del tamaño de la empresa ni de su consumo total: es posible ser un cliente grande en baja tensión. Entender en qué tensión y qué opción tarifaria está la instalación es el punto de partida para estimar tanto el ahorro por autoconsumo como el valor de las inyecciones.