Modelo ESCO

Modelo en que una empresa de servicios energéticos (ESCO) financia, instala y opera el sistema solar, y el cliente paga por la energía o el ahorro generado, sin inversión inicial propia. Alternativa al leasing y al PPA.

Sigla
ESCO
También conocido como
Energy Service Company

El modelo ESCO (sigla de Energy Service Company, empresa de servicios energéticos) es un esquema técnico-financiero en el que un tercero especializado financia, diseña, instala, opera y mantiene el sistema solar durante toda la vigencia del contrato, y el cliente no desembolsa la inversión inicial: paga por la energía generada o por el ahorro conseguido en su cuenta. El instrumento contractual que ordena esta relación es el Contrato de Desempeño Energético (CDE), en el que las partes fijan plazos, condiciones y —lo más característico— un plan de medición y verificación del ahorro, de modo que el pago quede atado al desempeño real del sistema. Con esto, la ESCO asume los riesgos técnicos y financieros del proyecto (que el sistema genere lo comprometido, que el equipamiento opere bien) y recupera su inversión, más un margen, a lo largo del contrato.

En Chile el modelo tiene raíces en la eficiencia energética: la Agencia de Sostenibilidad Energética (AgenciaSE) lo impulsa junto al Ministerio de Energía —invitando a los proveedores a inscribir su oferta ESCO en el Registro Energético— y ANESCO Chile, la asociación gremial del rubro que reúne a una treintena de empresas, viene desarrollando el modelo ESCO en el país desde 2007. La Ley 21.305 de Eficiencia Energética, publicada el 13 de febrero de 2021, dio marco a la gestión activa de la energía en las grandes empresas (obligación de reportar consumos para las que venden sobre 100.000 UF al año, y sistema de gestión de la energía para los Consumidores con Capacidad de Gestión de Energía que superan las 50 teracalorías), lo que reforzó la demanda por soluciones que la ESCO puede financiar y operar. Según la caracterización del Ministerio de Energía para autoconsumo fotovoltaico, los contratos ESCO suelen extenderse entre 10 y 20 años y ofrecen al cliente un descuento del orden de 5% a 20% sobre la tarifa de distribución, en proyectos que van de 20 kWp a 9 MW; la mayoría de las ESCO enfocadas en autoconsumo son desarrolladores fotovoltaicos con respaldo financiero nacional o extranjero, distintas de las ESCO clásicas de eficiencia energética.

Para una empresa que evalúa autoconsumo solar bajo NetBilling (Ley 21.118, que permite a clientes regulados con hasta 300 kW de capacidad instalada generar su propia energía e inyectar excedentes a la red), el modelo ESCO es relevante porque convierte una inversión de capital (CAPEX) en un gasto operativo (OPEX) predecible: en lugar de comprar el sistema, la empresa contrata el servicio y ve el efecto directamente en su cuenta de luz, sin comprometer liquidez ni endeudamiento propio. Esto lo hace atractivo para organizaciones que no quieren o no pueden inmovilizar capital —el sector público, la agroindustria, los establecimientos educacionales, la salud y el retail figuran entre los usuarios más frecuentes— y traslada a un especialista la responsabilidad de que el sistema efectivamente rinda a lo largo de los años.

Conviene no confundir el modelo ESCO con sus alternativas cercanas. En el leasing solar el cliente arrienda el equipo con opción de compra y suele terminar siendo dueño; en el PPA (Power Purchase Agreement) el cliente compra la energía generada a un precio pactado por kWh, con foco puramente de suministro. El rasgo distintivo de la ESCO es que el compromiso gira en torno al desempeño y al ahorro verificado, no solo a entregar energía o a transferir un activo: por eso incorpora medición y verificación y, a menudo, gestión integral (operación y mantenimiento incluidos). En la práctica chilena las fronteras se difuminan —muchos contratos de autoconsumo mezclan rasgos de ESCO y de PPA—, de modo que más que la etiqueta importa leer el contrato: quién es el dueño del sistema al final, cómo se calcula el pago (por energía, por ahorro o por cuota), quién asume operación y mantenimiento, y qué pasa al término del plazo.

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