Niveles de tensión

Clasificación del voltaje al que opera una instalación. En distribución, para efectos tarifarios, el cliente está en baja tensión hasta 400 volts y en alta tensión sobre ese valor; la normativa de seguridad de la SEC usa otro corte, en 1.000 volts. La transmisión opera en alta y extra alta tensión.

También conocido como
voltaje eléctrico

El voltaje al que opera una instalación eléctrica no es un dato suelto: determina cómo se conecta esa instalación a la red, qué normativa técnica de seguridad le aplica y, en distribución, qué grupo de opciones tarifarias puede elegir el cliente. Por eso el sistema eléctrico chileno clasifica sus tramos —generación, transmisión, distribución y el punto de conexión del cliente final— en niveles de tensión, y esa clasificación aparece repetida en distintos cuerpos normativos, cada uno con un propósito distinto.

Conviene distinguir dos clasificaciones que conviven y no deben confundirse. La primera es la clasificación técnica de seguridad, que fija la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC): baja tensión son los sistemas de hasta 1.000 volts, media tensión los que van sobre 1.000 volts y hasta 23.000 volts, alta tensión los que van sobre 23.000 volts y hasta 230.000 volts, y extra alta tensión sobre ese valor. Esta es la clasificación que rige, por ejemplo, qué reglamento de seguridad aplica a una instalación o cómo se clasifica técnicamente una línea eléctrica.

La segunda es la clasificación tarifaria, que usa la Comisión Nacional de Energía (CNE) para definir qué opciones tarifarias puede contratar un cliente de una empresa distribuidora. Para este efecto —y solo para este efecto— el corte no está en 1.000 volts sino en 400 volts: se considera cliente en baja tensión a quien se conecta con su empalme a líneas de voltaje igual o inferior a 400 volts, y cliente en alta tensión a quien se conecta sobre ese valor. Es este segundo umbral, el de 400 volts, el que determina si una empresa evalúa las opciones tarifarias de la serie BT o de la serie AT.

Para una empresa que evalúa un sistema solar de autoconsumo, la distinción importa en la práctica: el nivel de tensión al que está conectado el empalme —no la potencia del sistema fotovoltaico por sí sola— es uno de los factores que define en qué serie tarifaria queda la instalación, junto con la potencia contratada. Confundir el corte de 1.000 volts, de seguridad, con el de 400 volts, tarifario, lleva a errores al estimar qué opción tarifaria corresponde o qué trámite de conexión aplica.

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