Inversor solar
Equipo que transforma la corriente continua que producen los paneles en corriente alterna apta para el consumo y para inyectar a la red. Es el cerebro de la instalación: gestiona la generación y el monitoreo.
- También conocido como
- inversor fotovoltaico
- Categoría
- Tecnología y equipos
El inversor solar es el equipo que convierte la corriente continua (CC) generada por los paneles fotovoltaicos en corriente alterna (CA), con la tensión, frecuencia y forma de onda que usan la red eléctrica y los equipos del inmueble. Además de convertir, cumple funciones de gestión: incorpora uno o varios seguidores del punto de máxima potencia (MPPT, por sus siglas en inglés) que ajustan continuamente el voltaje de operación de los módulos para extraer la mayor energía posible según la radiación y la temperatura del momento, sincroniza su salida con la frecuencia de la red (50 Hz en Chile) y registra datos de generación para monitoreo. Por eso se lo describe como el cerebro del sistema: la potencia y la calidad de la instalación dependen tanto del inversor como de los propios paneles.
En Chile, para instalaciones de autoconsumo conectadas a la red bajo el mecanismo de net billing, el inversor no es un componente libre: debe estar certificado y figurar en el listado de equipamiento autorizado de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC). La normativa técnica de generación distribuida exige que el inversor cuente con protección anti-isla conforme a la norma IEC 62116 —que lo obliga a desconectarse automáticamente cuando la red pierde tensión o frecuencia, para que no siga inyectando a un tramo aislado y ponga en riesgo a quien opere la red— y con aislación galvánica o equivalente conforme a la IEC 62109 (partes 1 y 2). Sin un inversor autorizado por la SEC, la instalación no puede completar su declaración de puesta en servicio (trámite TE4) ante la Superintendencia, requisito para conectarse legalmente a la red de distribución. La SEC exige además que exista servicio técnico o representación de la marca en Chile con capacidad de servicio, lo que es también un factor práctico de continuidad operacional.
Para una empresa que evalúa autoconsumo solar de hasta 300 kW —el techo que fija la Ley 21.118 (2019), que reemplazó a la Ley 20.571 y elevó el límite anterior de 100 kW—, la elección del inversor define varias cosas a la vez. Fija la potencia máxima que el sistema puede entregar y, por lo tanto, cuánta energía se autoconsume y cuánto excedente se puede inyectar y compensar en la boleta; condiciona la eficiencia real de conversión (los equipos comerciales suelen operar sobre el 96%, aunque la cifra exacta depende de cada modelo y debe verificarse en su ficha técnica); y, al ser el componente electrónico más solicitado del sistema, suele ser el primero en requerir recambio o servicio dentro de la vida útil de la planta, mayor en los módulos que en el propio inversor.
Una confusión frecuente es asumir que todos los inversores son iguales o intercambiables. Existen al menos tres arquitecturas con implicancias distintas: el inversor string (de cadena), que conecta varios paneles en serie a un solo equipo y gestiona el MPPT del conjunto —económico y habitual en techos amplios sin sombras—; el microinversor, que se instala por módulo o por pares de módulos y optimiza cada panel de forma independiente, ventajoso cuando hay sombreamiento parcial, orientaciones distintas o suciedad desigual; y el inversor híbrido, que integra la gestión de baterías. En un string, un solo panel sombreado o sucio arrastra el rendimiento de toda la cadena, algo que la optimización por módulo evita. Otra distinción útil es entre la potencia en corriente continua de los paneles (medida en kWp) y la potencia en corriente alterna del inversor (en kW): no siempre coinciden, y es habitual y deliberado sobredimensionar levemente el arreglo de paneles respecto del inversor para aprovechar mejor las horas de menor radiación.