Degradación de paneles

Pérdida gradual y permanente de la potencia de un panel fotovoltaico con los años de exposición. Los estudios del NREL sitúan la mediana en torno a 0,5% anual, y los fabricantes serios garantizan una potencia mínima a 25 o 30 años.

También conocido como
LID

La degradación es la reducción lenta e irreversible de la potencia que entrega un panel fotovoltaico a medida que envejece, por procesos físicos en las celdas de silicio (fatiga térmica, microfisuras, corrosión, decoloración del encapsulante). No es una falla, sino una característica esperada: por eso todo módulo se caracteriza por una tasa de degradación anual, y los fabricantes la respaldan con una garantía de potencia lineal a largo plazo. Se distingue de la degradación inicial inducida por luz (LID), una caída de un 1% a 3% que ocurre en las primeras semanas de exposición y luego se estabiliza.

Como referencia, el Laboratorio Nacional de Energías Renovables de EE.UU. (NREL) reporta una tasa mediana de degradación cercana a 0,5% anual para módulos de silicio, con los fabricantes de mejor calidad más cerca de 0,3% anual y algunos productos peores sobre 0,8%. Un fabricante serio suele garantizar que, tras 25 o 30 años, el panel conservará del orden de 80% a 92% de su potencia nominal; las tecnologías más nuevas (tipo N, TOPCon, heterounión) tienden a degradarse menos que las antiguas de tipo P. Estas cifras son referenciales: la degradación real depende del producto, del clima y del montaje.

Para una empresa que evalúa autoconsumo de hasta 300 kW bajo net billing, la degradación es un dato de negocio, no una nota técnica: define cuánta energía producirá el sistema en el año 20 respecto del año 1 y, por lo tanto, el flujo de ahorro que sostiene el payback. Conviene exigir la garantía de potencia por escrito (curva a 25 o 30 años, no solo la garantía de producto), porque una décima de punto porcentual anual de diferencia, capitalizada a dos décadas, mueve el retorno del proyecto. Un integrador serio dimensiona la planta considerando esta pérdida a lo largo de su vida útil.

El error más común es confundir degradación con soiling. La degradación es permanente e irrecuperable: la potencia perdida no vuelve. El soiling —la pérdida por suciedad, polvo o camanchaca sobre el vidrio— sí es recuperable con limpieza. Un sistema que rinde por debajo de lo esperado casi siempre está sucio antes que degradado; por eso el monitoreo debe separar ambos efectos antes de reclamar una garantía.

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